domingo, 10 de junio de 2012

La Casa de las Palabras




2004 - 2011

Nada es real para nosotros, humanos, si no logramos nombrarlo. Nada conocemos verdaderamente del mundo o de nosotros mismos, mientras no lo escribimos. El mundo no es de palabras, pero sin palabras no habría mundo, sólo dispersión y caos. Lo sin palabras es Dios, que las excede a todas, o es lo inhumano y lo informe más acá de ellas, en la intemperie de la noche exterior donde su privación nos arrojaría, perdidos para nosotros y para los otros.
Dijo un filósofo que la palabra es la casa del ser. Al menos para mí, que aún soy, es mi casa y es la casa donde otros entrarán para leer la huella de mi vida. La casa donde habitaré también cuando esté muerta.
                                                                                
                                                                                                              María Rosa Lojo


ABC: aperitivos, brindis y canapés
a Gonzalo Marí 

Agua. Trabajo del tiempo y juego del espacio.

Boca. Entrada de los sabores; salida de las palabras.

Cocinar. La otra forma de hacer el amor.

Champagne. Remedio para la inteligencia.  (Y como dijo Aldous Huxley en su Brave New World acerca del Soma: "Con todas las ventajas del cristianismo y ninguno de sus efectos colaterales)

Dios. Manjar para probar, compartir y digerir a lo corto de nuestra vida y a lo largo de nuestra muerte.

Empanada. Rápido diseño del universo.

Fuego. Revelado misterio primitivo que nos permite calentar el café para pensar en otros misterios más complicados como la primitiva eternidad.

Ganso. Palmípedo estúpido revalorizado por Auguste Escoffier,  Konrad Lorenz y Jacques Lacan.

Huevo. Enigma aún no resuelto por ninguna pluma.

Incas. Pueblo originario socialista y vengativo  masacrado por los aborígenes españoles, quienes siglos después fueron masacrados por los indígenas de Lehman Brothers.

Jalea Real. Alimento naturista elaborado por extrañas abejas obreras con pretensiones monárquicas.

K. Letra de peso para asustar en almacenes, aduanas y farmacias.

Legumbres. Estrellas enanas que nuestra abuela dejaba remojando la noche anterior y que al otro día cocinaba para que nosotros pudiéramos crecer.

Mazapán. Delicada artesanía preparada con pasta de almendras y azúcar impalpable para saborear con los ojos.

Nada. Delicado concepto que era utilizado en importantes discusiones filosóficas. Hoy: "vieja, nada ‘ta todo bien." 

Ñ. Veloz avestruz cultural argentina. Conocida también como ñandú, aparece los sábados, día que uno la puede cazar tranquilamente con la mano.

Onomástico. Celebración elástica que antiguamente se pagaba con papel moneda y no, con plástico y en cuotas.

Postre. Flamante figura diabólica de la religión gastronómica.

Queso. Milenario producto galo que mejor representa a los franceses en su esencia.

Rúcula. Estrella televisiva de las ensaladas que esconde un pasado miserable.

Siesta. Lujo que se da un cuerpo humano cuando puede hacerse invisible durante un tiempo en la tarde.

Tamales. Plato regional que guarda secretos inconfesables que son advertidos claramente en su nombre franco y sincero.

Uvas. Siempre jóvenes y frescas en las viñas del Paraíso, aún recuerdan y sonríen: ella sólo vino a buscar hojas para cubrirse; el cortó dos hermosos racimos, se cubrió con uno y se fue comiendo el otro.

Vino. Milagro divino tomado hasta por los ateos.

Whisky. Quienes fabrican en Avellaneda o en Asunción esta noble bebida escocesa, deberían saber que el whisky es el perfume más usado por ciertos poetas de las provincias y también, por muchas escritoras y escritoras de la gran ciudad.

X. Rayos que siempre llegan tarde para detectar los venenos.

Yerba. Estimulante permitido por las viejas leyes de la naturaleza.

Zanahoria. No sólo conejas y conejos se inclinan ante este juguete sino también quienes practican el arte culinario.  


       9 cajas (Petit fours)


         
       Primera caja: un adoquín
       de alguna Julieta calle de Verona
       o de algún Romeo callejón de Buenos Aires.
      ¿Qué hace la piedra en un adoquín?
       Hace milenios.
 













         
       Segunda caja: una herradura de un Rocinante
       que estuvo clavada detrás de una puerta
       o en la pata de un alazán que cruzó la pampa.
      ¿Qué hace el metal en una herradura?
       Hace siglos.
 













         
       Tercera caja: una carta
       de un suicida dirigida al señor juez
       o la carta de un Abelardo para una Eloisa.
      ¿Qué hace la letra en una carta?
       Hace años.
 














    Cuarta caja: un anillo perdido
    por algún errante joyero en Amsterdam
    o por algún galán de Barracas 
    con novia en La Boca.
   ¿Qué dedos hace aquí un anillo que vuelve?
    Hace meses.    
  
    
 
















         
     Quinta caja: los fósforos
     que buscaron olvido en las manos de Nerón
     o recuerdos, en las manos solitarias 
     de Robinson Crusoe.
    ¿Qué luz hace aquí un pequeño fuego
     cotidiano y solo?
     Hace días.
    
   




         
       Sexta caja: una quena
       viajada por algún Yupanqui en el exilio
       o escondida por un Atahualpa en su celda.
      ¿Qué hace una quena con el aire 
       de la música que también respira?
       Hace horas.
 











  

         
       Séptima caja: un ojo de vidrio abandonado
       por un hipócrita pirata inglés en un minuto
       o por un tuerto sincero que ya no canta.
      ¿Qué hace aquí una mirada de reojo?
       Hace segundos.
 












         
    Octava caja: un pañuelo blanco
    de un soldado en el Paraguay o de un maestro
    en El Chaco o de un obrero en La Rioja.
¿Qué hace un pañuelo con su propio llanto?
    Hace décimas.
 











         
       Novena caja: una caja más pequeña
       que a su vez contiene otra aún más pequeña,
que a su vez contiene otra y otra y otra…
      ¿Qué hace el infinito 
       guardado en infinitas cajas?
       Hace eternidad.
 











             A Jorge Menoni
             www.amsterdamsur.nl

  
“Sombras los dos, copiamos lo que dictan
otras sombras: Heráclito y Gautama.”


Jorge Luis Borges,  ESTANCIA EL RETIRO

                                                                                                                                 A Raúl Rossetti y Alicia Jurado  (*)
                                                                                                                                                                  In memoriam

                               


                                   POLVO Y SUEÑO EN EL RETIRO

                         El verano, los dulces, los jardines,
                     Olga Orozco en un poema que arde
                     y es Borges con una lluvia en la tarde;
                     recuerdos más recuerdos son jazmines.
                     En el galpón las sombras del arado,
                     las galletas, el mate, los aperos,
                     entre relinchos, ladridos y teros,
                     el ayer en un sulky ha llegado.
                     Cecilia y un aljibe en movimiento,
                     pájaros y canciones. Alguien llama,
                     ausencias más ausencias es el viento.
                     Una luz, un pasillo, una ventana,
                     el tiempo, sólo por hoy es el tiempo;
                     olvido más olvido es el mañana.


(*) La paeloversión de este poema se llamó "Agua de lluvia" y lo escribí ......................................... 
la tarde que me enteré de que había muerto Raúl Rossetti. Cuando murió Alicia Jurado, lo modifiqué
para Cecilia, su hija que quedó desolada y huérfana. ......................................................................... 



                                   A  LIBROS  Y  A  MATE COCIDO

                          Escritores y libros me han salvado:
                     Brillat-Savarin, Grimod de la Reynière;
                     la Biblia, William Shakespeare, el gran Molière
                     y también un don Quijote ilustrado.
                     Entre buenos y malos, el perdido;
                     el libro robado, el incunable,
                     hasta un libro negro imponderable                (*)
                     que fuera condenado y prohibido.
                     Tantos libros han sido mi alegría
                     y muy triste, los veo preocupados,
                     saben su valor, temen su agonía.
                     También están los otros, “los prestados”
                     que aún esperan regresar un día
                     al lugar donde fueron afanados.

                                   (*) "Il libro nero" di Giovanni Papini 


EL POEMA DE ESTA NOCHE


Miles de lugares
comienzan bajo tu pie. Lao-Tsé

I

Ahora que se han pagado los libros y las estrellas y que en los semáforos sólo funciona la amarilla luz del ahora, la indiferencia ha trazado el derrotero de un viaje hacia las diferencias, donde ya no importa el lujo de los harapos de lo que importa. Es hora de fijar día, fecha y hora para el acto punitivo: hoy. A esta profundidad de la tumba, pocas necrológicas, ningún epitafio y otros rincones infames publicados en los rincones. Quizá la noticia sea guardada en un minuto del infierno. ¡Vamos, que ha llegado la noche para juntar piedras entre los mendrugos de la sombra! ¡Ya nadie sube por la escalera triunfal que mide alturas y valores. Tampoco, son medidos los falsos mármoles que piden lápida y sepultura. Mucho menos, nos pueden doler los rojos desprecios de los concursos y los fraudes de los avisos del desprecio. Qué podemos dar por cinco o diez minutos de gloria si ya estamos condenados a callar lo que pensamos. He aquí el límite, he aquí la premeditación y la alevosía. Que otros vean pasar la vergüenza ajena en el carro de la degradación de la vergüenza. Mientras, entre risa, saliva y llanto, los jerarcas de la imagen del instante siguen escupiendo sus mentiras por la insolencia de sus colmillos.                                                                      


II

La consigna es rechazar de plano la invitación a la soberbia vulgar de lo que no sirve. No seguiremos contribuyendo con nuestra humilde pobreza para  mantener una farándula de pobres con pretensiones de fama y  engaño. No pagaremos con nuestro espíritu la furia miserable de los éxitos banales de los puercos. No queremos seguir alimentando más ratas en las ignorantes fronteras de la lengua. El plan ya no es secreto, ha entrado en el umbral. La fecha está sostenida por madres, padres y otras fechas, aunque hijos y nietos, fieles a las imágenes, puedan dudar del acontecimiento de las tinieblas de los falsos mensajes. En cambio, ciertas gentes han vuelto a conversar y ya es distinta, han entrado en un tiempo de miradas y murmullos  y lo afirman con los ojos, los labios y las manos. Son muchos los incautos que, acostumbrados al veneno  que derrochan los reptiles, ya no quieren soñar                                                                  con un antídoto para un mundo de la luz del instante, donde son millones los seres descartables que no reclaman la necesidad de aire limpio o de agua pura. Con o sin maquillajes, son billones los que a diario se ajustan a las infinitas estupideces del contraste y del brillo. Que todos ellos carguen sobre sus espaldas la hermosa cruz del sacrificio que puede hacer uno solo.


III
Lo único negro que tiene que hacer el cura Diógenes es mandar a tocar la campana oscura. Lo único que tienen que hacer los libros es abrir maestros. El único sueño que tiene que soñar el Juez de Paz es ordenar el aquelarre. Ya ha pasado la euforia de la víspera y en cuatro o cinco o seis párpados de tiempo, comenzará la ceremonia magistral. Entre velas, flores, falos y leyendas, se ha levantado un altar pagano, resumidero de todas las maldades. Voluntarios hombres y voluntarias mujeres entronizan un televisor de 54 pulgadas. El perfecto idiota de marca mayor encendido entrega sus últimas imágenes. El patán de turno se luce con una jerga aprobada por todos los canallas de la miseria. Se consultan los relojes. Alguien toca la única campana, se abren los maestros. El aparato de los engaños sueltas la última publicidad de cerveza y camaradería. Fanáticos y matones se golpean entre ellos, pujan por estar en primera fila; el Juez dispara. Las 54 pulgadas del Philips comienzan a recibir una granizada de piedras. Por fin, la pantalla comienza a ser lapidada y la bestia se va  muriendo. En esta realidad podrida, unos gritan, otros ríen, algunos lloran y las piedras siguen cayendo hasta formar una montaña de aplausos. Diríase “una noche de gala”.


PLANES PARA HOY
  
Voy a pintar
necesito una pared y un país.

Voy a comer
necesito una olla y un océano.

Voy a escribir
necesito una mano y un mundo.

Voy a soñar
necesito un alma y una almohada.

Voy a perder
necesito pintar, comer, escribir y soñar.

Voy a morir
ya no necesito papel,  tampoco, pluma;
mucho menos, almohada, mundo, océano y país
para pintar, comer, escribir, soñar, perder y partir.


UN HOMBRE QUE TIENE MIEDO

                Hoy he conocido a un hombre que tiene miedo.

                Hoy he conocido a un hombre pobre que no quiere ser pobre.

                Hoy he conocido a un hombre que espera que los demás sean más generosos que él.

                Hoy he conocido a un hombre inteligente, cínico y sarcástico.

                Hoy he conocido a un hombre engreído de su vasta cultura.

                Hoy he conocido a un hombre solitario, amargo e intranquilo.

                Hoy he conocido a un hombre que afirma  que piensa.

                Hoy he conocido a un hombre que dice que es un buen ser humano.

                Hoy he conocido a un hombre que dice que escribe.       
                 
                Hoy he conocido a un hombre que podría ser más hombre. 
                                                              
                Hoy he conocido a un hombre que quisiera cambiar ¿Cambiará?                      
                                                                                     
                Hoy he conocido a un hombre que debería ser más solidario.

                Hoy he conocido a un hombre y ya no quiero seguir conociéndolo.
                                          
                Hoy he conocido a un hombre que tiene miedo y sucede que ese hombre soy yo.


MATRA

A Albert Carrillo Scheuba
In memoriam
Del búho de la noche sólo han quedado los ojos
y el barro seco del techo del rancho se cae y vuela.
En la tranquilidad de la tierra abandonada
las garras de los caranchos del páramo
se han hundido también en la carroña del olvido.
Alguien que está excavando levanta del suelo
el último resto de una vasija funeraria
que guardaba la canción de unas cenizas.
En el zigzag de las pirkas
sólo quedan alimañas que huyen entre piedras
y lo que fue una chacra
ahora es un cementerio que espuma sal y tambores.
Algo viejo, un trapo de distintas mugres y silencios
se deshace destejido por el viento.
Hay piedras con dudas, vacilaciones y agujeros. Pensar
que allí un telar alguna vez anduvo soñando
y la tela combinaba el amarillo choclo de la mañana con el pimentón del  atardecer.
Lo poco y nada del humilde tejido que ya no puede dormir,
no alcanza para envolver los huesos de una mano.
Se ofrece a las sombras inamovibles del pasado
una esperanza que siempre sobrevuela.
Matra en los recuerdos que ha destejido el olvido,
un destejido que avanza, se enreda y saluda en el aire
hasta alcanzar con el viento la dimensión del espíritu de un estandarte.


LA ALFOMBRA

A Gisela Galimi
                                                                                                                                            
                                                                                 "Como me lo hizo notar el poeta Miroslav Scheuba
                                               en "La alfombra" –esa figura encerrada de perfil en el tejido prisión–
                         es un tema de Biagioni que parece coincidir con lo que dice Virginia Woolf
                                  “Todo el mundo es una obra de arte; y nosotros somos parte de ella. 
                           Hamlet o  un cuarteto de Beethoven es la verdad acerca de esta mixtura 
                                                                                                 que llamamos el mundo. 
                                                                                              Pero no hay Shakespeare, 
                                                                                                         no hay Beethoven; 
                                                                                 cierta y enfáticamente no hay Dios;                       
                                                 somos nosotros las palabras, somos nosotros la música, 
                                  somos nosotros la cosa misma. Y al ver esto, siento un escalofrío.”

                                                De “Amelia Biagioni, la fiesta desplegada” de Ivonne Bordelois


                                                                                   
                                                         
Mi alfombra era dulce, buena y perfumada, pero ya no está.
Nuestra casa quedó reducida a penitencia,
a una oculta trama de ruinas familiares cuyo último duelo fue mi alfombra.
Se venía salvando de segundas pisadas, 
de los ropavejeros que siempre llegan al ocaso;
al final la hicieron moneda de cambio y esa vez se fue lejos.
La única vez que la recuperé me ayudó un cartero, previa recompensa.
Algo me decía que estaba cerca, que me extrañaba y que volveríamos a sentirnos.
El cartero siguió su rastro azul por el vecindario y por fin, fue ubicada.
Antes de ofrecer un modesta suma por su rescate,
en el domicilio señalado dejé un mensaje inquietante:

A los poseedores de una alfombra que me pertenece, es azul con arabescos:
La alfombra en cuestión es misteriosa y los tiene a prueba
ya que una fatalidad va a ocurrir cerca de ella y muy pronto..
Ustedes podrán evitarla, aunque si el destino está marcado es inútil;
lo malo habrá de suceder de igual manera. La prueba
está en sus dibujos que hablan con letras extrañas.
Ustedes nunca sabrán qué dicen, a menos que aprendan Árabe.
Si al cabo de un tiempo logran leer la alfombra, todo es posible; se sorprenderán.
En ella no sólo está escrito uno de los tantos argumentos
de Las Mil y Una Noches, sino una desgracia.
El anatema dice que una persona 
partirá al Más Allá  cuando esté cerca de la alfombra
y hay más de una figura encerrada en el tejido prisión.
La profecía, y esto hay que tenerlo en cuenta, fue tejida por manos inocentes.

Antes de una semana mi alfombra estuvo otra vez en casa.
 
He salido del ayer y ahora escribo con los hilos invisibles de las remembranzas.
En este cuaderno estoy trabajando mi alfombra.

Desde que tuve uso de pies descalzos aprendí a cuidarla
y por años nos mantuvimos impecables.
Ella sin manchas y yo, numeroso y fresco  
entregado al asombro de estar tendido en una nube esperando amaneceres antiguos.
Con la radio prendida fue jardín de canciones y aeropuerto de estrellas.
                                                             
Hoy, mi alfombra todavía es recuerdo, es vigilia y es hoy.  
Vuelvo a navegarla y a oírla, como quien escucha la música del mar en una caracola.
Ella me esperaba para estudiar, 
tenía predilección por lo poetas que fueran santos o monjas.
(Manía de alfombra oriental)
Entonces, yo le leía a Sor Juana o a San Juan de la Cruz.
Ahora con las cenizas del dolor tengo que purificar el olvido
y escribir que en mi alfombra he vuelto a volar.
No haré más ruido, con la alfombra también aprendí
que el silencio sólo se puede guardar
en el silencio que hay en la boca cerrada de una alfombra.                             




LA CASA DE LAS PALABRAS

De Victoria Ocampo a Haydée Santamaría

Un libro de poemas es un novio, una novela, una mujer. Varios hijos son como varios libros. Un libro es un amigo, un socio, un pariente; también es una visita, un huésped. Una revista literaria es una casa que puede contener y albergar a los ya nombrados. Un libro es uno; una revista, es todos.
         Son dos “las casas” que siempre me llamaron poderosamente la atención y es notable que estas dos casas de las palabras hayan sido construidas por mujeres: Victoria Ocampo y Haydée Santamaría. En 1931 y en Buenos Aires, Victoria financió e inauguró SUR con la ayuda de escritores de prestigio. En ese grupo fundacional había de todo como en un tango, pero hace falta más que un tango para evocar la obra de Victoria Ocampo, una mujer bella, rica, alta como una puerta e inteligente como una ventana.  Luego de 20 años de fecunda labor, la Revista y Editorial SUR, celebró su vigésimo aniversario con un número triple: 192 – 193 y 194. Con papel y lápiz en mano, podemos sumar a quienes hasta esa fecha habían firmado sus colaboraciones: 190 latinoamericanos, 80 franceses, 55 ingleses, 41 españoles, 35 norteamericanos, 15 alemanes, 14 italianos, 11 rusos, 5 suizos, 2 belgas y 1 Jorge Luis Borges.
        En este precioso volumen histórico, Guillermo de Torre (casado con Norah Borges) le tocó escribir Evocación e inventario de SUR. De Torre en su sabrosa nota nos pone al tanto: “No todos los días se cumplen 20 años en el calendario de las revistas no comerciales, no mayoritarias, dirigidas a un público –forzosamente limitado en todos los países, si bien en algunos queda compensado por la naturaleza de sus apoyos–  al que no pretende degradar; no todos los días revistas de esta alta calidad alcanzan tan insólito aniversario, contrariando el sino más común de la efimeridad. Cierto es que en este punto no puede reivindicar SUR una unicidad absoluta, aun entre las revistas literarias del mismo idioma. Todavía –y por muchos años sea– circulan por el continente el veterano Repertorio Americano de Costa Rica, y algunas otras como Atenea de Chile, y Alfar del Uruguay, que han superado las dos décadas.  Y en la misma Argentina, hubo el caso de Nosotros. (…) Cuando SUR  apareció, y en toda la década del 30, la galaxia del firmamento revisteril se integraba con astros resplandecientes: Revista de Occidente, Commerce, La Nouvelle Revue Française, Criterion, Corona, Novecento, Transition, The Hound and Horn, Neue Schweizer Runddschau, The Adelphi, Der Querschnitt, Documents, The New Review, Variétés, Bifur, etc., etc. No sólo aquellas revistas sino otras varias que surgieron después entre guerras, o aun después de la última (Plans, Cruz y Raya, Hora de España, Mesures, Minotaure, Quadrante, Solaria, Poesie, Horizon, New Writings, Fontaine, L’Arche, Nuova Rassegna, Romance, El hijo pródigo, Cabalgata, Realidad) también han dejado lamentablemente de publicarse, aunque estuvieran resignadas a la estrictez, sin aquella holgura, aquella suntuosidad que fue norma de algunas  de las primeramente mencionadas, y cuyo arquetipo representó quizá Commerce, modelo aproximado en lo material de SUR (primera época, serie blanca), mas no en consistencia y desinterés por parte de sus sostenedores, aquí vertidos al caso singular –al de Victoria Ocampo –para mayor mérito.”

Si volvemos al temario de este número triple, podemos seguir tomando nota de sus artículos centrales:     
          
Trayectoria de la Religión Griega es la nota firmada por Alfonso Reyes, notable escritor mexicano, diplomático  y  amigo de Victoria.

La Personalidad y el Buddha es el tema elegido por Borges.

San Agustín es el título del escrito de Waldo Frank, quien no se refiere al santo doctor de la iglesia sino a un perdido pueblo colombiano.

Andre Malraux escribe Sobre la Naturaleza de la Creación Pictórica (lo traduce Daniel Devoto, acaso el más inteligente y culto de los escritores de la llamada Generación del 40).

El Ideal Clásico de la Forma Poética es el tema de Amado Alonso.

La Grandeza del Hombre más Vasta y más Compleja que su Bajeza es el escrito de Roger Callois  (lo traduce Baeza).

Precisiones (Sobre la  Cultura;  Sobre una Forma del Romanticismo Contemporáneo) es el aporte de Julián Benda (lo traduce Pepe Bianco). 

El Hombre, el Espíritu y la Cultura es la nota de Francisco Romero.

Fragmento de un Ensayo Historiológico es el trabajo de Américo Castro.

Apostilla para la Relectura de Nietzsche es la colaboración de Ezequiel Martínez Estrada.

Nietzsche y la Desuniversalización del Mundo se titula la entrega de H. A. Murena.

Sobre el Derrumbe de Nuestro Tiempo es la nota de Ernesto Sábato.

De Rosa Chacel: El Pensamiento y Voluntad en Julián Marías.

POESÍA:

Gabriela Mistral le dedica a Victoria Kent su poema “Mujer de Prisionero
 Los regalos poéticos de Jules Supervielle se titulan: “Naissance d’un palmier” y “Le Malade”, (los traduce Carlos Viola Soto). Del poema del poeta franco-uruguayo, rescato sus versos finales:

“Te pones a cantar en el mayor secreto como lo hace la esperanza

Jaime Torres Bodet: “Solidaridad”
Jorge Guillén: “Vida Extrema”  
Rafael Alberti: Buenos Aires en tinta china (“Río” y “Canción de la Boca”)
Eduardo González Lanuza: “Cántico de Navidad
Silvina Ocampo: “El Oblicuo Espejo”
Vicente Barbieri: Tres figuras: “De la guerra”; “De la muerte”; “De  la Vida
J.R. Wilcock: Epitalamio: “Pastoral”, “Nocturno”, “Jardín  Botánico”, “Uspallata
Octavio Paz: “Primera Vigilia”
H. A. Murena: “El viaje”, “El llamado
Alberto Girri: “La Separación”, “Memoria de Gardel”
María Elena Walsh: “Balada del tiempo perdido”:
                                                       …
                          ¡Qué tiempo sin sentido
                          el que mi amor perdía!
                          ¡Qué lamentable primavera inútil
                          Haciendo en vano flores que se olvidan!

                          Pero mi corazón
                          velaba y no sabía.
                          Recuperada su pasión secreta,
                           ahora enamorado resucita.

                          Y el tiempo que hoy me guarda
                          entre sus hojas vivas,
                          es un tiempo feliz desde hace tantos
                          sueños que nacerán de la vigilia.

Enrique Molina: “Casa de amantes abandonada

Y quedan en el tintero media docena de poeta y poemas como Jorge Vocos Lescano con su soneto ¿Dónde fue?:
                    –¿Dónde fue? se pregunta la mirada.
                    –¿Dónde fue? sin cesar clama el oído.
                    pero la luz, el aire y el sonido
                   a sus preguntas no responden nada.

                    –¿Dónde fue, dónde fue? ¿Por qué borrada
                   senda de qué jardín dulce o perdido?
                   la memoria se inclina hacia el olvido
                   pero el recuerdo no recuerda nada.

                  “Ni tu ni yo, ninguno ha conseguido
                   saber, en fin, si la unidad soñada
                  fue alguna vez, si ha sido o si no ha sido.

                  “Pero a pesar de estar sin saber nada
                    tu sabes bien que me has reconocido
                    y yo sé que te siento recobrada. 

DISCUSIÓN:

Sobre “Norteamérica, la hermosa” (Ensayo de Mary McCarthy)  de Victoria Ocampo.
Norteamérica, la hermosa” de Mary McCarthy
Norteamérica, la hacendosa” de Ezequiel Martínez Estrada
El turista o el Inmigrante Desmemoriado” de Luis Emilio Soto

ACTUALIDAD:
Reflexión Coreana” de Daniel Cosio Villegas

DOCUMENTO:
Relato Secreto” de Pierre Drieu La Rochelle

FICCIÓN:
Alberto Moravia : “Acercarse al Pueblo
Eduardo Mallea : “La Celebración
Carmen Gándara : “La Fiesta Infantil
Juan Goyanarte : “El Matagatos
José Bianco: “Un Pretexto


ENSAYOS:

El Mito del Hombre Acosado en la Literatura Europea Actual” de R. Alberes
Superación del Regionalismo en la Literatura Italiana” de A. Dabini 
De un Cuaderno de Apuntes” de Adolfo Bioy Casares
Un Autógrafo de Bernard Shaw” de Enrique Anderson Imbert

ARTES PLÁSTICAS:

Consideraciones Sobre el Arte Argentino en el período 1930 – 1950  de Julio E. Payró

 NOTAS DE LIBROS:

16 notas sobre libros publicados incrementan en más de 30 páginas el número de SUR que estamos revisando. No se pueden dejar  de citar las siguientes: la de Fryda Schulzt de Mantovani sobre “El juego de Abalorios” de Hermann Hesse; la de Daniel Devoto sobre “Poesías Completas” de César Vallejo; la de Enrique Pezzoni sobre “El sitio de Londres” y “La Lección del Maestro y otros cuentos” de Henry James; la de Ezequiel Martínez Estrada sobre “1984 de George Orwell; la de Mario Albano sobre “La Montaña de los Siete Círculos” de Thomas Merton; la de F. J. Solero sobre “El universo de Kafka” de Mario A. Lancelotti; y la de Julio Cortázar sobre “Soledad Sonora” de Victoria Ocampo.

NOTAS DE TEATRO:

Mario A. Lancelotti: “A propósito de El Proceso en la versión de André Gide y J.L. Barrault
Miguel Alfredo Olivera: “Dos obras de Giraudoux en  Buenos Aires”
                                                                                               
Al principio de este número triple, uno puede informarse, año tras año, de los libros publicados por SUR. El primer libro publicado en 1933 es Romancero gitano” de Federico García Lorca; y también son traducidos y publicados “Contrapunto” de Aldous Huxley; y “Canguro” de D. H. Lawrence”. En 1934 se traduce y publica un solo libro: “La virgen y el gitano” de D. H. Lawrence. En 1935 la cosa aumenta, el número de títulos publicados sube a seis, destacándose entre ellos “Crónicas de mi vida” de Igor Stravinsky. La temporada de 1936 fue realmente fructífera, de las trece publicaciones, una es de Huxley y dos son de Gide; aparece “La Condición Humana” de André Malraux; “Tipos Psicológicos” de Carl Jung; “Un cuarto propio” de Virginia Woolf; amén de una novela de Eduardo Mallea  y de dos obras de Victoria Ocampo. Durante 1937 la lista sube a 16, pero el standard de calidad no baja, Victoria traduce y publica “Con los esclavos en la noria” de Aldous Huxley (“Eyeless in Gaza”) y “Orlando” de Virginia Woolf es traducido por Borges (donde Leonor Acevedo de Borges, su madre, interviene de manera eficaz). El 1938 es fuertemente femenino, se traducen y se publican “Cumbres borrascosas” de Emily Brönte; “Al faro” de Virginia Wolf; también salen a luz dos grandes chilenas: Gabriela Mistral con “Tala” y María Luisa Bombal con “La amortajada”. Por otro lado, 1938 también es un año delicadamente masculino, ya que SUR traduce y publica “Adevertencia a Europa” de Thomas Mann y “Los judios entre las naciones” de Jacques Maritain. La Editorial SUR publica más de 40 libros entre los años 1939 y 1950. En este período y en la categoría pluma combaten: H. Bustos Domecq, Silvina Ocampo, Eduardo González Lanuza, José Bianco, Ernesto Sábato, Manuel Peyrou y Samuel Eichelbaum. Entre los pesos pesados están Borges, Eduardo Mallea, Roger Callois,  Denis de Rougemont, Hermann de Keyserling, Charles de Gaulle, Henri Michaux,  William Faulkner, T. E. Lawrence, Virginia Wolf, H.G. Wells, George Orwell, Graham Greene, Albert Camus y Jean–Paul Sastre.

Un valioso agregado de este número triple son las 128 fotos de quienes han colaborado en el arduo trabajo  –como diría Borges– de educar a todo un continente. Una de las fotos más conmovedoras es la que fue tomada en 1936 durante el trascurso de la reunión del P.E.N. Club que se realizó en Buenos Aires, donde se ve a Jacques Maritain, a Henri Michaux y a Stefan Zweig, quien se agarra la cabeza mientras lo escucha a Emil Luwdig, quien está denunciando los asesinatos de millones de judios cometidos por los nazis en Alemania. Por otro lado, está la foto de la escalera que reune a todo el grupo fundacional de SUR. Esta escalera pertenece a la primera casa racionalista de Buenos Aires, en la calle Rufino de Elizalde, en Barrio Parque, construida en 1929 por Alejandro Bustillo a partir de un pedido que V.O. le hiciera a Le Corbusier y que hoy pertenece al Fondo Nacional de las Artes.


De izquierda a derecha en la parte alta de la famosa escalera: Francisco Romero, Eduardo J. Bullrich, Guillermo de Torre,  el catedrático dominicano Pedro Henríquez Ureña. Arriba y al centro, Eduardo Mallea, a una prudente distancia de Mallea, está Norah Borges y Victoria Ocampo. Segunda fila: Enrique Bullrich, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo y Ramón Gómez de la Serna (con habano en la diestra y recién llegado de Francia). Detrás de la baranda, el músico Ernest Ansermet (a quien V.O. unos días antes había disfrazado de gaucho para embromarlo a de la Serna. Cuando Ramón quiso escuchar cómo era su acento gauchesco, el director de la orquesta Suisse Romande, lo saludó en correcto francés); luego Carola Padilla y Maria Rosa Oliver.

No quiero finalizar esta nota con un aguafuerte del personaje principal. Victoria Ocampo era alta como una puerta e inteligente como una ventana. Tenía todos los gestos de la pionera indomable y lo fue para el bien de las primeras semillas que sembró en un territorio donde la mujer estaba excluida del cultivo. Para mayor espanto de las matronas de su época, V. O. regó ese desierto y a más de una boca  sedienta le enseñó que el agua no se mastica. Primero como sargento y luego, en grado heroico, fue una sarmientina que con los años de lucha alcanzó la medalla de ese digno troquel. Desde joven y en secreto, se preparó para “las tablas”, pero para evitar el enojo familiar, se conformó con actuar en el escenario de las letras y no retrocedió ante ningún papel por antagónico que fuera.  Hubiera preferido ser una Sarah Bernhardt o una Eleonora Duse, aunque con toda su timidez y su violencia, primero fue Victorita y después, una escritora que ella misma tuvo que domesticar. La ayudaron los poetas franceses que recitaba y la musicoterapia donde intervinieron Ravel, Debussy y en una dosis mayor, Stravinsky.  Al cabo de los años la terminó curando ese gran médico homeópata que es el tiempo. Más allá del efecto calendario y de los almanaques pintados por impresionistas y expresionistas, Victoria Ocampo fue una de las mujeres protagónicas del siglo XX  que vivió de cerca el Art Nouveau, la Bauhaus y el Art Déco. Sus Testimonios son una prueba suficiente. En Victoria, la pluma de su verdad estaba hecha para el género epistolar y  no para presentar un estilo, ya que siempre escribió con toda su alma y todo su cuerpo. Por una de esas vueltas que tiene la vida,  mientras trabajaba en IMAGO MUNDI, tuve la tarea de clasificar una serie de cartas que ella le había escrito a Ángel  J. Battistessa. Sus cartas sobre la mesa temblaban como pajaritos azules porque percibían mi curiosidad.  En una de las cartas, le insinúa al presidente de la Academia de Letras que sea Alicia Jurado quien la suceda en su sillón. En otra, le solicita licencia  y de paso, le pide que la visite y que lo haga acompañado de Juan Carlos Ghiano, pero luego se arrepiente y cubre el pedido con un prolijo parche móvil, de modo tal que si uno fisgonea, puede averiguar de quien se trata. Victoria Ocampo, genia y figura de la cuna a la sepultura y de la Recoleta al teatro.

Después de los festejos de 1951 donde SUR había alcanzado su cénit, la revista se estancó en una meseta y la dueña de casa comenzó a mover algunas piezas. Cuando la estantería comenzó a ser sacudida, no faltaron los colaboradores que hicieron rancho aparte y cuando SUR cumplió 30 años, ya no hubo número triple. Un hecho, que no pasó inadvertido para los integrantes de la casa, también ocurrió ese año fatal de 1961: José Bianco, jefe de redacción, fue invitado desde Cuba para ser jurado del Premio de Casa de la Américas. La noticia no le agradó para nada a Victoria y como no le podía impedir a Pepe que viajara a La Habana, le avisó que estaba buscando un nuevo jefe. Bianco salió de su oficina de Buenos Aires dando un portazo tan fuerte que desde aquel día la casa de SUR se comenzó a desmoronar como en un terremoto en cámara lenta, y a medida que se iba hundiendo, la Casa de las Americas, fundada en 1959 (*), iba creciendo y subiendo hasta convertirse en la gran casa de las palabras de América latina para todos.  Una casa es para todos, pero entre CASA y SUR, en ese “todos” estaba la diferencia.  

CASA DE LAS AMÉRICAS,  la Casa de las Palabras

Nace en Cuba en abril de 1959. Haydee Santamaría, heroína de la Revolución Cubana, la funda y la dirige hasta 1980. Desde el Más Allá, Santamaría la ha seguido protegiendo para que siga albergando a escritores y artistas de América Latina. Bajo un  mismo techo, los creadores han encontrado en la Casa el hogar de nuestra cultura, que según las palabras de Haydee, “la cultura no está sólo en las cosas maravillosas que la integran, sino también en el alma humana que es la mayor maravilla.” En ese 1959 fundacional, la Casa traza grandes planes y proyectos que se inician convocando en julio de ese año a la celebración de una Semana Bolivariana como homenaje a Venezuela, y a comienzos de septiembre es inaugurada la biblioteca José Antonio Echeverría, que llegaría a ser una de las más importantes de la región referente a temas latinoamericanos y caribeños. A fines de ese año, se inauguró una exposición de pinturas y grabados mexicanos con artistas de la talla de José Guadalupe Posada y Clemente Orozco. En 1960 es creado el Premio literario, la revista Casa de las Américas, que ya sobrepasado la cifra de 250 números  y la editorial, que surgida por la necesidad de publicar los libros premiados, ha editado a los más grandes escritores del continente; su catálogo incluye unos mil títulos. Hay una foto reveladora de la calidad de los jurados del Premio, donde están sentados en un estudio de televisión Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, Miguel Otero Silva, Benjamín Carrión, Roger Callois y Miguel Ángel Asturias. Ese año 60, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre visitan la Casa que ya es célebre en Europa. En 1961, la Casa alberga el Festival de Teatro Latinoamericano, encuentro que años más tarde recibiría la visita de dramaturgos notables como Wole Soyinka de Nigeria y Darío Fo, de Italia. El 61 la Casa edita un disco con la grabación del recital que Pablo Neruda ofreciera a finales de año, disco que abrió un camino que dio paso al Archivo de la Palabra y a la colección fonográfica Palabra de esta América. Año tras año la Casa fue abriendo sus puertas a las más diversas creaciones artísticas: Concurso Latinoamericano de Grabado, ciclo de la Nueva Novela Latinoamericana, encuentros de Teatristas, Teatro de las Máscaras, Encuentros de Canción Protesta, preludio del Movimiento de la Nueva Trova Cubana, cuyos artífices, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, trascendieron las fronteras de América latina. Coloquios “Ciudad y Mujeres en la Cultura y la Historia Latinoamericanas y Caribeñas”,  y “Coloquio Iberoamericano del Papiro a la Biblioteca Virtual”. Desde 1986, el escritor Roberto Fernández Retamar dirige los destinos de la Casa de las Américas, quien ha declarado que: “Si hemos sabido ser los mismos y otros, si hemos vivido y sobrevivido a través de pruebas a menudo bien complejas, tropezando y volviendo a encontrar paso, tenemos derecho a la confianza. Tenemos más: el derecho, y probablemente el deber, de volver a empezar.”

Sin ir más lejos, al pie de esta página queda el link de la Casa que divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la literatura y las artes; cuya comunicación fomenta el intercambio con instituciones y personas de todo el mundo.